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Parametría en Medios
El espejo de la inseguridad
24/Ene/2020
Por: Milenio
Es preocupante bajo cualquier criterio observar los indicadores que tenemos en el país en el tema de inseguridad. Si bien son graves y lamentables, lo único peor sería no tenerlos. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), presentada recientemente por el Instituto Nacional de Estadísticia y Geografía (Inegi) (16 de enero), nos enfrenta a una realidad sobre la cual tenemos que reflexionar.
Más allá de los datos que la ENSU nos arroja sobre la responsabilidad e imagen de los órganos de gobierno, lo que refleja de nuestra sociedad es muy revelador. Esta entrega, después de 26 mediciones que empezaron en 2013, nos ofrece datos con los que antes no contábamos y que se incorporan a la serie. Dos ejemplos relevantes son los de la Guardia Nacional que, por no existir antes, no se medía, y otros fundamentales, como los de acoso sexual.
Es pertinente aclarar que la ENSU no mide solo percepciones. Si bien la mayor parte de las preguntas generan indicadores a nivel perceptual, hay otros que son de conocimiento de entorno o de experiencia (testimoniales), que son los más preocupantes porque son fácticos. Reflejan lo que vive la ciudadanía, no lo que cree.
Con una muestra de 25 mil 500 entrevistas cara a cara en 70 ciudades, es imposible de mejorar el indicador. Esta medición es solo un ejemplo de la aportación de una institución como el Inegi. Sin ella sería imposible hacer este tipo de análisis. Más allá de otros problemas, como la economía o el combate a la corrupción, la inseguridad está dominando la agenda pública.
El reporte de la ENSU es amplio y detallado. La mayor parte del estudio evalúa la percepciones, conocimiento o testimoniales sobre la gestión de gobierno en turno para resolver el problema de la inseguridad. Este enfoque hace que obviemos otra parte fundamental para entender este problema, y que es esencial en la ecuación: el comportamiento de la sociedad.
Solo a manera de ejemplo rescato dos que no ponen el énfasis o la responsabilidad en el gobierno como tal, sino en nosotros como sociedad. Estos indicadores son algo de los que nos deberíamos hacer responsables a nivel ciudadano. Uno se ha medido solo para las últimas dos entregas y el otro se mide por primera vez. Empiezo por el más innovador y urgente: violencia y acoso sexual. Y agregaré el indicador de conflictos o enfrentamientos por tipo de actor, que sólo lleva dos mediciones.
Sería irresponsable ignorar los datos. Casi dos de cada tres mujeres en el país dice haber estado en una situación de abuso sexual (27.2 por ciento). Es interesante que uno de cada 10 hombres también lo reportan (10.1 por ciento). En promedio resulta que en el agregado de población, uno de cada cinco mexicanos ha sufrido acoso o violencia sexual (19.4 por ciento).
En este tema no hay forma de responsabilizar al gobierno o al Estado. Creo que está reflejando una permisibilidad social que no queremos ver o no nos atrevemos a denunciar. Si estos lo llevamos a casos extremos, tenemos el caso de la Ciudad de México, donde casi la mitad de las mujeres dicen haber estado en un situación así.
Otro ejemplo o indicador de nuestra conflictividad social, que dice más de nosotros que del gobierno es el de conductas antisociales. Si bien es un indicador que va a la baja ?para fortuna?, casi uno de cada tres (32.1 por ciento) dijo haber tenido un conflicto social durante los últimos tres meses. De ese porcentaje, casi tres de cada cuatro (73.2 por ciento) fue con vecinos. Y otra tercera parte (30. 9 por ciento) fue con desconocidos en la calle.
Lo más adecuado en términos de análisis sería contar con indicadores internacionales. A falta de ellos porque las mediciones no son comparables, se puede hacer un juicio de valor y señalar que el nivel de conflictividad social es alto. La investigación de Inegi es precisa y abarca diversos ámbitos. Tal vez antes de politizar o cuestionar al Estado o la autoridad habría que revisar nuestro espejo social en los datos.
Con esta reflexión no pretendo eximir al Estado o al gobierno en turno de su responsabilidad. Solo creo que es útil ver más allá de los actores y vernos a nosotros mismos. La ENSU seguirá dando reportes de las ciudades con la percepción de inseguridad más grave y las que están el cuadro de honor. Pero eso pasa a ser incidental comparado con los indicadores sociales.
También la ENSU reportará datos obvios como que la Marina es mejor evaluada que la policías locales, en términos de que fuerza es más eficaz o genera más confianza. O que Mérida es más seguro que Ecatepec. Serán indicadores en el margen. Sin embargo, me parece que lo más relevante de esta medición es vernos de frente como sociedad.

Nota metodológica: La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) se lleva a cabo en la primera quincena de los meses de marzo, junio, septiembre y diciembre de cada año. A partir de 2016 cuenta con una muestra de 300 viviendas trimestrales por ciudad de interés y a partir de septiembre de 2019, 300 viviendas por cada una de las 16 demarcaciones territoriales en que se divide la Ciudad de México. El agrupado nacional en diciembre de 2019 fue de 25 500 viviendas. El entrevistado, que debe contar con al menos 18 años de edad, es seleccionado aleatoriamente. El esquema de muestreo es probabilístico, trietápico, estratificado y por conglomerados, tiene como última unidad de selección la vivienda particular y como unidad de observación a la persona.
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