Artículo de Francisco Abundis publicado en Milenio
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Stephen D. Krasner propone entender la soberanía como un conjunto de dimensiones que pueden variar por separado. En Sovereignty: Organized Hypocrisy (1999) cuestiona que los Estados actúen siempre conforme al principio de autonomía que proclaman. Su concepto de hipocresía organizada describe la persistencia de normas que frecuentemente se incumplen por cálculos de poder e intereses.
El análisis de Krasner resulta especialmente útil para analizar los datos de la Serie Nacional de Parametría en su última entrega, en particular en dos dimensiones: la soberanía interna, relacionada con la organización de la autoridad y el control efectivo, y la soberanía westfaliana, que excluye la autoridad externa sobre las decisiones nacionales. Una colaboración podría fortalecer capacidades internas y, dependiendo de sus condiciones, restringir autonomía. Esta distinción permite examinar la ayuda extranjera sin suponer que toda participación constituye pérdida de soberanía.
La Serie Nacional de Parametría muestra una aceptación diferenciada de la ayuda estadounidense contra el narcotráfico. Apoya la capacitación 69%; los agentes en la frontera, 56%; el equipo, 55%; los drones que vigilarían desde Estados Unidos, 54%; los agentes al interior, 49%; y el dinero, 43%. Desde Krasner, estas diferencias invitan a investigar qué colaboraciones se perciben como refuerzo de las capacidades mexicanas y cuáles como riesgo para su autonomía.

La capacitación ilustra la primera posibilidad. Además del respaldo de 69%, un 72% la considera cooperación y un 19%, una violación de soberanía. Puede plantearse que aprender técnicas o mejorar conocimientos se interpreta como fortalecimiento del Estado mexicano. El equipo presenta un patrón semejante: 63% lo clasifica como cooperación y 25% como violación.

La presencia de agentes introduce mayores reservas. El envío a la frontera obtiene 56% de apoyo, frente a 49% para el interior. La percepción de violación de soberanía pasa de 32% a 39%, respectivamente. Una lectura desde la soberanía westfaliana preguntaría si los ciudadanos temen que autoridades extranjeras participen en decisiones nacionales. La ubicación constituye una pista, pero no define por sí misma una cesión de autoridad: faltan condiciones sobre autorización, funciones y mando.

El dinero muestra que la autonomía tampoco explica toda la aceptación. Aunque 54% lo considera cooperación y 34%, una violación, solamente 43% apoya recibirlo y 48% se opone. Ambas preguntas producen distribuciones distintas. Esto permite formular hipótesis sobre condiciones financieras, confianza o eficacia, aunque no podemos identificar sus causas.

Los drones ofrecen otro matiz. Reciben 54% de apoyo; 52% los considera cooperación y 36%, violación de soberanía. La pregunta sitúa la vigilancia desde Estados Unidos, de modo que la ausencia física dentro de México no elimina las objeciones. El enfoque de Krasner orientaría a distinguir la ubicación del dispositivo de la autoridad, para autorizarlo, seleccionar objetivos y utilizar información.

Estos resultados no prueban hipocresía organizada. Krasner desarrolla su argumento principalmente sobre prácticas estatales; trasladarlo a actitudes ciudadanas exige evidencia adicional. Apoyar una modalidad de ayuda no equivale a aceptar intervención unilateral, mando extranjero o soberanía compartida.

Desde la perspectiva de Krasner, la pregunta pendiente sería si una mejora esperada en la capacidad estatal aumenta la disposición a aceptar participación externa en decisiones de seguridad. Para responderla, convendría comparar escenarios con consentimiento mexicano, supervisión nacional y resultados esperados diferentes. Así podrían identificarse los límites ciudadanos entre fortalecer al Estado y compartir su autoridad. La soberanía aparecería entonces como una evaluación sobre quién decide y con qué consecuencias, donde aceptar conocimientos o recursos extranjeros puede ser compatible con exigir que México conserve el mando.

En resumen, con el enfoque de Krasner se confirmaría la hipótesis de que la opinión pública en México no ve la cooperación o la soberanía de manera absoluta, sino selectiva.