Texto de Francisco Abundis publicado en Milenio
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Quisiéramos que la respuesta a esta pregunta fuera sencilla y contundente. Una respuesta que nos ayude a establecer criterios de política pública o que nos den una guía para ver cómo nos comportamos de manera individual en el ámbito privado.
Daniel Innerarity, filósofo español dedicado, especializado en observar el impacto del internet, redes sociales o ahora la inteligencia artificial en la vida pública, dice que el tema es tan complejo que se tiene que “desenredar”. Carlos Bravo Regidor resume la posición del filósofo en su libro “Mar de dudas, conversaciones para navegar el desconcierto” (Grano de Sal, Gatopardo, 2025), para este y otros temas.
Innerarity afirma que toda nueva tecnología genera a la vez temores e ilusiones: “Marx creyó que el ferrocarril disolvería el sistema de castas de la India; el telégrafo fue anunciado como el final definitivo de los prejuicios y las hostilidades entre las naciones; algunos celebraron al avión como un medio de transporte que suprimiría, además de las distancias, también las guerras; sueños similares acompañaron al nacimiento de la radio y la televisión”.
Y para “desenredar” el tema, nada mejor que evidencia empírica, como la que ofrece este año el Reporte Mundial de la Felicidad 2026: felicidad y redes sociales, publicado por la Universidad de Oxford y la organización Gallup, entre otras instituciones. El reporte sugiere que en este como en otros temas la respuesta es compleja, ambivalente, depende del contexto y tiene muchos matices.
El reporte hace énfasis en las diferencias demográficas. Explica las variaciones por región, por edad, por género y por ingreso. En general, se pone mayor atención a los jóvenes por ser la población más vulnerable y con uso más intensivo o con mayor exposición.
Uno de los datos más significativos es que en algunas regiones del mundo los jóvenes son menos felices vistos en el tiempo. Es evidente que este cambio no se puede deber solo al uso de redes sociales, pero es uno de los factores más importantes. El impacto de los jóvenes sobre la población en general es tal que altera los niveles de felicidad de la población a nivel agregado. En particular, los jóvenes de Europa Occidental reportan los mayores niveles de afectación o infelicidad. Esto es particularmente revelador cuando se le compara con los jóvenes de América Latina o Europa del Este, que presentan una tendencia en sentido contrario.
Al explicar estos contrastes por regiones del mundo, viene uno de los hallazgos o explicaciones más relevantes: no es el uso de redes sociales en general el que afecta, sino el tipo de plataforma y la forma de uso. Si la red social sirve para socializar más, aumentan los niveles de felicidad; si la red social aísla, aumentan los niveles de infelicidad.
Datos de preocupación en estas tendencias son los que se refieren a las mujeres y las personas de menores ingresos. Entre las mujeres jóvenes se observan mayores niveles de infelicidad a mayor uso de redes sociales. De la misma manera sucede entre jóvenes de menores ingresos, sus niveles de infelicidad son mayores a mayor uso de redes sociales.
Derivado de evidencia similar a la del Reporte Mundial de la Felicidad 2026, algunos países han empezado a tomar medidas. En países como Australia o España, en un intento de regulación, han prohibido el acceso a redes sociales antes de los 16 años. En España, las plataformas deben implementar sistemas de verificación de edad efectivos, se responsabilizará a los ejecutivos de las redes sociales por contenidos ilegales y discursos de odio, y se crearán sistemas de rastreo para identificar y eliminar contenidos nocivos.
En Australia, además se deberá bloquear el acceso a menores y enfrentarán una multa de hasta 49.5 millones de dólares australianos si no cumplen. En ambos países se busca abordar problemas como la adicción, la exposición a contenidos nocivos y desinformación de las redes sociales.
Por ello, recientemente en Estados Unidos, la organización de Mark Zuckerberg, Meta, fue sancionada con una multa: por no proteger a menores. Un jurado de Nuevo México declaró a Meta responsable de poner en riesgo a menores de edad en sus plataformas y ordenó pagar 375 millones de dólares en sanciones.
Con toda esta evidencia disponible, es momento de que en nuestro país se dé una discusión sobre el tema y tal vez una legislación más estricta. Es cierto que tenemos muchos problemas que apremian, pero este no es un tema menor. El riesgo que corre el bienestar de nuestra infancia y nuestra juventud es más que evidente.
Es cierto que en la región de América Latina se reporta mejor uso de redes entre jóvenes, porque ayuda a socializar, más que a aislar. Pero ello no implica que no haya uso inadecuado de contenidos en redes sociales. La información como el reporte citado y los ejemplos de las medidas de algunos gobiernos están a la vista. Un tema más que urge atender en nuestro país.
