Artículo de Francisco Abundis publicado en Milenio
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Irán para nuestro país es una nación muy distante, tanto en términos geográficos como culturales. Como consecuencia de esta distancia, nuestro conocimiento del país es escaso, frecuentemente prejuiciado o incluso ignorante. Solo como ejemplo, un par de datos.
La mayor parte de los mexicanos y probablemente del mundo consideran que los iraníes son árabes. Con ello se desconoce buena parte de la historia de este pueblo. Irán étnicamente es persa, no árabe. Y de la misma manera se cree que hablan árabe, cuando su lengua es farsi.
En buena medida, esta confusión viene de creer que el mundo islámico es homogéneo y sinónimo del mundo árabe. En realidad, no solo desconocemos Irán, sino el mundo musulmán en general. Nuestra tradición católica-cristiana es en buena medida responsable de este distanciamiento. Uno de los datos más sorprendentes para muchos es que el país con mayor población del mundo musulmán no está en Medio Oriente, se encuentra en Oriente: Indonesia.
Diversos estudios han mostrado nuestro poco interés por los temas internacionales (México y el mundo del CIDE, por ejemplo). Nuestras preocupaciones cotidianas se llevan la mayor parte de nuestra atención. Y la velocidad con la que se suceden los eventos o conflictos provoca que pierdan interés diversos acontecimientos. Solo en lo que va del año hemos escuchado de una intervención en Venezuela, otra posible en Cuba, la guerra de Rusia y Ucrania que continúa, el conflicto en Gaza que no termina del todo y se confunde ahora con el ataque al Líbano. En este contexto, la agresión de Israel y Estados Unidos a Irán es un conflicto más, aunque las consecuencias sean de otra dimensión.
En 1979, por un breve periodo de tiempo, las historias de nuestros países se cruzaron. Fue un evento breve, pero marcó el resto de la relación. Después de la Revolución Islámica que llevó al derrocamiento de la dinastía Pahlavi, el Shah de Irán se asila en México. Por un periodo de 9 meses entre 1979 y 1980, Cuernavaca fue la residencia de la realeza iraní. En respuesta, el gobierno de Irán rompió relaciones con nuestro país en 1981. Se restablecieron hasta 1992.
En 1975, el Shah Mohammad Reza Pahlavi, había visitado México en visita oficial. Sin embargo, para 1979 llegó a nuestro país como un rey derrocado, exiliado y enfermo de cáncer. Tenía 59 años y venía de estar en Egipto, Marruecos y Bahamas, donde ya le habían negado asilo permanente. Murió en Estados Unidos un año después. Hoy día esta historia sigue presente en Irán. En algún sentido, México tiene más relevancia o presencia en Irán de lo que esa nación representa para México.
No obstante, dada la relevancia del conflicto y sus implicaciones, se registran altos niveles de conocimiento de lo que pasa en Oriente Medio hoy día. Siete de cada 10 ciudadanos de nuestro país dijeron tener conocimiento del reciente ataque por parte de Israel y Estados Unidos a Irán.

La percepción de riesgo o temor del conflicto es muy baja. Esta percepción reafirma la sensación de lejanía. Sin embargo, se considera que las repercusiones serán graves no solo para nuestro país, sino para buena parte del mundo. La mayor parte de la población coincide con la posición del gobierno de no intervención y neutralidad y rechazo a la violencia como método de resolución de conflictos.


Algunos analistas sugieren que esta es probablemente una de las decisiones que podría tener mayores consecuencias sobre la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. No por la guerra en sí misma, sino por sus consecuencias económicas: incremento del precio de la gasolina e inflación.

Es decir, de alguna manera esta guerra podría afectar más de lo que alcanzamos a ver a nuestro país. Más allá de la incertidumbre política a nivel global, implicaría el debilitamiento y posible pérdida del congreso en las elecciones de medio término del actual gobierno republicano en nuestro vecino del norte. Es decir, podría cambiar la dinámica del principal reto o amenaza de política exterior de nuestro país: Donald Trump. Tal vez Irán está más cerca de lo que creemos. Y tal vez nuestras historias se vuelven a cruzar de alguna manera, aunque esta vez de manera muy distinta.
