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Trump, la FIFA y el lugar del futbol en Estados Unidos

Texto de Theresa Kernecker publicado en Milenio

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El domingo pasado, Trump generó una polémica al presionar al presidente de la FIFA para que retirara la suspensión del futbolista estadounidense Folarin Balogun tras recibir una tarjeta roja en el partido contra Paraguay. Poco después, la Federación retiró la suspensión, reavivando críticas sobre la relación entre Trump y el representante de la FIFA, Gianni Infantino, así como acusaciones de corrupción. El resultado es conocido: Bélgica terminó aplastando a Estados Unidos 3-1 en el partido del lunes, con lo cual ni la llamada del dirigente ni la decisión de retirar la tarjeta roja lograron asegurar una victoria para EE.UU. Hasta Romelu Lukaku, de la selección belga, se burló al decir “A ver si ahora anulan esto, ¿no?”, refiriéndose a la victoria de Bélgica el lunes.

Más allá de las críticas de corrupción y el hecho de que, según datos de YouGov recopilados el 7 de julio de 2026, el 39% de los estadounidenses considera que la llamada del presidente fue la decisión equivocada, el evento reaviva el debate sobre la política y los eventos deportivos, que puede suceder tanto en regímenes autoritarios como en democráticos. Se trata de un fenómeno en el cual líderes políticos usan deportes para mostrar poder o legitimarse en el escenario global mientras atizan el nacionalismo y desvían la atención de los problemas sociales o de las violaciones de derechos humanos. Es una relación social que involucra a varias audiencias domésticas e internacionales y trata de insertar sutilmente esa imagen de dominio y reputación en la conciencia pública mediante el deporte (véase Boykoff, 2022). En ese sentido, la llamada del mandatario al presidente de la FIFA se puede interpretar como una demostración de poder ante el mundo, y otra expresión de America First o “Estados Unidos Primero”. Además de su exhibición de autoridad, una victoria de la escuadra norteamericana en el partido contra Bélgica o el Mundial le hubiera sido útil para su discurso nacionalista en un contexto en el cual los niveles de desaprobación de Trump se acercan al 60%.

A pesar de la derrota y la salida del Mundial este lunes, el 41% de los estadounidenses cree que el desempeño de la selección fue exitoso. Este dato da pie a una segunda discusión: el debate alrededor de la relevancia y afición al futbolen Estados Unidos. La idea de que el futbolsoccer no tiene lugar en la cultura de este país o que el deporte es “poco estadounidense” se ha reflejado tanto en los medios como en investigaciones académicas. De hecho, algunos medios sugieren que el interés disminuirá tras la eliminación de su equipo y que los norteamericanos solo pueden mantener su atención cuando juega su selección.

Es cierto que el futbolno está entre los deportes más populares en Estados Unidos. Según Gallup, entre el 1 y el 15 de junio de 2026, los adultos en EE.UU. se autoidentificaron sobre todo como aficionados a los deportes olímpicos, al futbolamericano y al béisbol profesional. Aun así, el balompié ocupa una posición intermedia: el 27% se identifica como aficionado. Entre el 26 y el 29 de junio de 2026, YouGov midió el interés en la Copa Mundial y encontró que el 40% estaba “muy” o “algo” interesado. La afición es mayor entre hombres, adultos jóvenes, entre hispanos y negros, personas con mayores ingresos y residentes del Noroeste y el Oeste. Estos patrones coinciden con Gallup, que también muestra mayor afinidad con el soccer entre esos grupos. A diferencia de otras actitudes en Estados Unidos, la inclinación por este deporte no parece estar fuertemente definida por la afiliación partidaria o el voto. De hecho, un estudio de 2018 comparó a los espectadores de futbolen EE.UU. con los de otros países, y su ideología no se aparta demasiado del perfil ideológico observado internacionalmente.

Además, la intención de ver el Mundial ha crecido con el tiempo. El porcentaje que dice que verá al menos algo del torneo pasó de 26% en 1990 a 40% en 2026. También hubo un repunte en 1994, cuando EE.UU. fue anfitrión. En conjunto, los datos sugieren que el interés general por el balompié en Estados Unidos se ha mantenido o que incluso va aumentando y que la idea de que es un deporte ‘poco estadounidense’ resulta cada vez menos plausible.

En fin, tanto la demostración de fuerza del presidente a través de su intervención en la tarjeta roja como los datos de opinión pública sugieren que el futbolen Estados Unidos tiene un potencial considerable. Por ahora, sigue siendo apenas una sombra de lo que podría llegar a ser. Si se le tratara con la misma seriedad e inversión que a otros deportes profesionales, podría atraer a mejores jugadores y elevar su nivel en este país de cara a los próximos torneos internacionales y regionales y, al mismo tiempo, reforzar su poder blando (soft power).

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