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La celebración y la tendencia.

Artículo de Francisco Abundis publicado en Milenio

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En días recientes, se ha cuestionado en distintos espacios en medios de comunicación o en redes sociales, la falta de “ambiente mundialista”. Las comparaciones nostálgicas con lo que fue “México 70” o “México 86”, cuando también fuimos sede, han sido inevitables. Algunos datos de los cambios y el estado de la afición existente en nuestro país podrían ofrecer algunas explicaciones.

La victoria del equipo nacional de fútbol el día de ayer contra el equipo de Sudáfrica fue sin duda un motivo de celebración. En general, nunca necesitamos muchas excusas para celebrar, pero en estos días parece que necesitábamos más alguna razón para hacerlo.

Octavio Paz, Samuel Ramos, Jorge Portilla, por mencionar solo a algunos de los autores clásicos, hablaron de nuestro gusto por la fiesta, el festejo, el relajo como un rasgo distintivo de nuestra cultura. También algunos extranjeros como Sergei Eisenstein, André Breton o D.H. Lawrence coincidieron en esta descripción. Este último afirmó: “México es un país donde la vida es una fiesta perpetua, incluso en la tragedia” (La serpiente emplumada, 1926).

Sin embargo, una celebración, una victoria o incluso albergar un mundial no parece que puedan cambiar lo que muestran los números de la caída de la afición en el país.

La tendencia a la baja es evidente y probablemente irreversible. Cada vez menos gente gusta del fútbol soccer en nuestro país. Hace 20 años, dos de cada tres adultos en México decían gustar del fútbol. Hoy día es muy similar el porcentaje de quienes dicen disfrutar de este deporte y quienes dicen no gustar de él.

 La celebración de la Copa del Mundo ha parado esta tendencia a la baja momentáneamente, pero lo más probable es que no la revierta. Otro indicador es que hasta hace poco tiempo los niveles de conocimiento del evento mundialista eran sorprendentemente bajos, entre la población en general. En los últimos meses fueron cambiando y un mayor porcentaje se enteró, pero no implica que haya altos niveles de involucramiento en el evento.

No es sencillo encontrar una explicación a la baja de afición al fútbol en términos porcentuales. Una posible explicación es la diversidad de opciones de espectáculos en general y de deportes en particular. Hoy día es posible tener acceso a canales especializados en todo tipo de deportes: básquetbol, béisbol, tenis, fútbol americano, box, automovilismo, golf, por mencionar solo algunos ejemplos.

 También es probable que las redes sociales hayan contribuido a la pulverización de públicos. Hoy día es mucho más fácil estar informado incluso de deportes que antes se podrían considerar excéntricos en nuestro país, como rugby, waterpolo, pentatlón moderno, surf, hockey sobre hielo, etc. Hoy día nuestro algoritmo nos retroalimenta con información y noticias que antes era difícil encontrar.

 La película de reciente aparición “México 86” da cuenta de cómo el apoyo de la televisora más importante de nuestro país en ese momento fue fundamental para lograr realizar ese mundial en México. Y si bien la televisión hoy sigue siendo importante, cada vez un porcentaje mayor prefiere informarse o ver los partidos en sitios en línea.  (“7 de cada 10 fans consumen fútbol en línea y cambian el negocio del Mundial”, Expansión, 03-03-26). Un porcentaje importante de la afición, en particular los menores de 30 años han migrado de las televisoras a los creadores de contenido.

 En resumen, la disminución de la afición en nuestro país –no en términos absolutos, si no porcentuales– el cambio de hábitos en la forma de consumir contenidos, la dispersión de las aficiones, sin duda ha creado otro ambiente. A estos cambios de tendencia hay que sumar los coyunturales: este es un mundial en tres países y no uno, más los temas de incertidumbre doméstica, en particular en Estados Unidos y México. Tal vez no es del todo justo comparar este mundial con los dos anteriores. Tal vez sería más justo decir que este será un mundial diferente. Un mundial que seguirá siendo motivo de fiesta y celebración, independientemente del resultado; eso sin duda no cambiará, como es nuestra costumbre.

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