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Mejoró la percepción de seguridad: ¿buenas noticias?

Mejoró la percepción de seguridad: ¿buenas noticias?
Desde hace algunos años la inseguridad es el problema más importante para el ciudadano en nuestro país. Los otros dos temas que la acompañan a lo largo del tiempo han sido: la economía como siempre, y la corrupción con mayor relevancia a partir de 2012. La inseguridad es un tema de preocupación que puede subir o bajar de nivel, pero nunca deja de ser una preocupación constante.

El mejor instrumento que tenemos para estimar nuestros niveles de actividad delictiva y su percepción ciudadana es la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública (ENVIPE) de INEGI. En su última entrega se realizaron más de 100 mil entrevistas a nivel nacional. Prácticamente desde que inició la serie en 2013, la incidencia y la percepción de inseguridad nunca habían ido a la baja. En el registro de los tres últimos años parece ser que está tendencia ha cambiado.

La tasa de víctimas de delito por cada 100 mil habitantes ha venido a la baja de 2017 a la fecha. Los dos últimos años podrían ser cuestionables porque son años de pandemia. En principio la gente estuvo más en sus hogares y hubo menos espacio para actividades delictivas.

Los datos a lo largo de los años se van corroborando. Por género los hombres son más susceptibles a ser víctimas de la delincuencia, comparado con las mujeres. En principio se explicaría porque sus actividades están más expuesta o requieren estar más en el espacio público. Consecuentemente por tipo de actividad el robo en calle o transporte público es el de mayor incidencia, seguido del fraude, la extorsión (la cual no bajó de un año a otro), robo total o parcial de vehículo, entre los más importantes.

El costo por delito no es un tema menor. A nivel agregado significa 1.85 por ciento del PIB. A nivel individual 7,155 pesos por cada persona afectada. La mayor parte del gasto, dos terceras partes, se debe a la perdida en el evento delictivo mismo. El resto son gastos asociados predominantemente a tener mayor protección en el hogar.

Las instituciones en las que se confía más son las más predecibles de acuerdo a otros indicadores: la marina, el ejercito y la guardia nacional. Resulta revelador que más allá de las instituciones encargadas de nuestra seguridad, las de procuración de justicia estén muy por debajo. La Fiscalía General de la República y los jueces están distantes de las citadas fuerzas del orden público.

Independientemente de lo que haya pasado en la estimación de delitos factuales es muy revelador lo que sucede en los indicadores de percepción. Estos se miden en tres niveles distintos. La percepción de seguridad a nivel estatal, la percepción de seguridad a nivel municipal y la que se registra a nivel colonia.


Los dos primeros indicadores son dependientes de los medios de comunicación. Es muy difícil que un ciudadano pueda hacer una evaluación objetiva de lo que pasa en su estado o incluso en su municipio. En general para estos ámbitos territoriales los ciudadanos se informan a través de los medios de comunicación. Sin embargo, todos sabemos lo que sucede en nuestra colonias. Sabemos si hubo un asalto o un robo en nuestro vecindario. Ese no es un dato perceptual, es un dato testimonial.

Probablemente la mejor noticia de todo lo reportado por el EVIPE de INEGI es que la percepción de seguridad a nivel colonia ha mejorado. Este indicador junto con los datos de incidencia de delito por cada 100 mil habitantes son las mejores noticias. Es decir la estimación factual coincide con la perceptual.


La pregunta más relevante es si lo que estamos observando en estimaciones fácticas o perceptuales son datos coyunturales o son una tendencia a la baja de corto o largo plazo. Sin duda los datos son positivos. Lo que no sabemos es si representan una tendencia. Si damos estos datos optimistas por hecho la siguiente pregunta sería, más allá de la pandemia y el encierro, ¿qué es lo que ha cambiado y se ha hecho mejor? ¿son las instituciones?, ¿es una fuerza pública? ¿son mejores gobiernos?


Preguntas aún más frontales serían: ¿por qué si estos números van a la baja, por qué no cambia la tasa de homicidios dolosos?, o el número acumulado de los mismos en lo que va de la administración, comparado con administraciones pasadas. ¿Por qué la cifra negra sigue siendo la misma? Cerca de 93 por ciento de los delitos no se reporta, igual que en años anteriores. La última entrega del ENVIPE parece generar más preguntas que certezas, a juzgar por otros datos de otras actividades delictivas en nuestro país.


Nota metodológica. INEGI. Encuesta en vivienda. Representatividad: Nacional. Número de entrevistas: 102,297 encuestas realizadas cara a cara del 01 de marzo al 30 de abril del 2021. Método de muestreo: Probabilístico: trietápico, estratificado y por Conglomerados Aleatorio simple. Unidad de muestreo: Las viviendas seleccionadas, los hogares, los residentes del hogar y la persona seleccionada en el hogar. Población objetivo: Personas de 18 años en adelante. Cobertura Geográfica: A nivel Nacional, Nacional urbano, Nacional rural, Entidad federativa y Áreas Metropolitanas de interés.


Francisco Abundis


Artículo publicado en Milenio
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